Para muchos, y es lo que prima, es sólo un negocio, para otros es el instrumento político idóneo, para otros tantos es una cuestión personal de culpabilizar a tal o cuál jugador, a tal o cuál entrenador, cuando no a todo el equipo contrario... ¿qué digo equipo? ¡¡a todo un país!! Y por supuesto, al referee y a todos sus antepasados.
En un partido, en 90' minutos, puede pasar de todo, golpes, faltas, goles... y a veces una patada mal dada determina para los restos a los jugadores.
En el encuentro con la selección de Alemania, nadie sabía cómo dibujar la pelota y a todos se nos achicaba el alma al ver la facilidad con que nos ganaban.
Hace un tiempo ya que los militares genocidas arrebataron -también- la pasión por el fútbol... que no crezcan hijos putativos de aquellos sentimientos, y pongamos el aliento para Brasil 2014, en tanto que nos florezca la fraternidad en el apoyo a los charrúas.
Una vez ganamos con la mano de dios, otras en buena ley, otras perdimos con dios y todo.
A veces baja el Angel de la Cancha, otras pasa de largo, o peor aún: se lleva la pelota.
